Historia del Emprendedor
Somos una familia que ama el picante. Así de simple, así de cierto.
Un día nos dimos cuenta de algo que nos venía molestando: en Argentina casi no existe una verdadera cultura del picante, y lo poco que se consigue en las góndolas viene cargado de conservantes y sabores artificiales que no tienen nada que ver con lo que un buen picante debería ser.
Así que hicimos lo que hace cualquier amante de la buena comida cuando no encuentra lo que busca: nos pusimos manos a la obra. Empezamos a preparar nuestros propios picantes en casa, buscando algo distinto — un producto natural, con sabores profundos y complejos, hecho con salsas artesanales de verdad.
Cuanto más nos metíamos en ese mundo, más nos enamorábamos de él. Empezamos a estudiar, a capacitarnos, a profesionalizarnos. Y entendimos que si queríamos hacer las cosas bien, teníamos que estar en cada etapa del proceso: desde el nacimiento hasta la botella.
Así fue que empezamos a sembrar nuestros propios ajíes, a cosecharlos con nuestras manos y a producir nuestras propias salsas — primero para nosotros, para nuestras familias, para los amigos de siempre.
Y ahí pasó lo que no esperábamos: la gente empezó a pedir más. Cada uno que probaba una de nuestras salsas quería llevarse un frasco, quería repetir, quería convidar a otro. Fue esa insistencia — la de nuestra propia familia y amigos — la que nos empujó a dar el salto y empezar a hacerlas para todos.
Así nació Brasa Andina.