Historia del Emprendedor
Todo empezó en la cocina de un restaurante, cuando José armó una conserva de pepinos que tenía el equilibrio justo. Era una receta simple, pero que a los comensales encantaba.
Años después, la vida lo cruzó con Agustín. Un enólogo, que aportó su mirada sobre los procesos y el ojo crítico para encontrar el balance de sabores. Enseguida se dieron cuenta de que esos pepinos no podían quedarse guardados en una cocina; tenían que llegar a más gente.
Combinaron lo que cada uno sabía hacer mejor para crear un producto que respeta lo artesanal, pero que se adapta a lo que buscamos hoy. Así nacieron las dos versiones: la clásica, endulzada con azúcar, y una alternativa con stevia para los que prefieren algo más ligero pero con el mismo sabor de siempre.