24 de julio, 21.25 horas. Coronavirus: Comunicado del Ministerio de Salud, Desarrollo Social y Deportes

Arquitectura y patrimonio: la historia del Cerro de la Gloria, el zoológico y el Teatro Griego


Tienen un valor cultural invaluable que genera identidad y orgullo para los mendocinos. Fueron pensados de forma integral con una vinculación directa al entorno natural en el que están inmersos.

El Cerro de la Gloria, el actual Ecoparque y el Teatro Griego Frank Romero Day son lugares emblemáticos, forman parte del patrimonio cultural de nuestra provincia y se convirtieron en los puntos de mayor interés para el arquitecto Daniel Ramos Correas durante los años 30 y 40 del siglo pasado.

La arquitecta Cecilia Raffa, del Instituto de Ciencias Humanas, Sociales y Ambientales del Conicet (Inicihusa) nos invita a conocer las transformaciones que en esa época fueron fundamentales y que perduran en la actualidad.

El Cerro de la Gloria

Desde el principio de su gestión, Ramos Correas encaró con especial atención el estudio de los trabajos necesarios para continuar con la obra de transformación del antiguo Cerro del Pilar, que de acuerdo con su criterio se mantenía en situación estacionaria desde hacía muchos años.

El cerro era depositario del Monumento al Ejército de los Andes, obra del escultor uruguayo Juan Ferrari, quien sintetizando la epopeya sanmartiniana homenajeó la actuación del general San Martín.

En torno a ese sitio, Ramos propuso, como primera medida, la ampliación de los cultivos y bosques que formaban el cerro y la consolidación, pavimentación y ensanche de los caminos de acceso.

El segundo paso fue la propuesta de construcción del Memorial Sanmartiniano que, ubicado en la segunda explanada del cerro antes de llegar al monumento, tendría como fin la fijación de las placas recordatorias que en aquel momento estaban adheridas a la piedra básica del monumento.

Respecto del monumento en sí, Ramos estudió, ante la falta de consonancia entre el lugar de emplazamiento y el sentido de la obra realizada, el reemplazo de todo lo que se opusiera a la armonía del conjunto.

Su repuesta fue la eliminación de las balaustradas y de la rampa que permitía el acceso de vehículos hasta prácticamente la base del monumento.

En su lugar, propuso la construcción de una gran explanada frente al conjunto alusivo, a una distancia que permitiera que el visitante lo abarcara en su totalidad desde el primer instante, y de amplias y sucesivas escalinatas para llegar a la base del monumento “que darán escala y mayor grandiosidad (…). Así podrá [el visitante] substraerse a la atracción de los paisajes fascinantes, (…), orientándole la visión hacia el espectáculo de la montaña, por el Oeste, o de la ciudad que, desde el fondo, por el Este impone la grandiosidad de su perspectiva”.

La intervención en el Cerro de la Gloria abarcó además la incorporación en una de sus laderas del zoológico. Las obras preliminares para el traslado habían comenzado, según el borrador del plan, en 1939.

Un Zoo con un nuevo entorno natural

Desde fines del siglo XIX, Mendoza contaba en su Parque con un zoológico que, al decir de Ramos Correas, había sido desarrollado sin mayores conocimientos en la materia y carente de todo gusto. Jaulas estrechas y pequeñas que atentaban contra las buenas condiciones de habitabilidad de los animales, caminos que desorientaban al público y que anulaban superficie a los prados y la falta de recursos para la adquisición de especies eran parte de las falencias que desvirtuaban el zoo.

El arquitecto y paisajista consideraba además que la falta de planificación del conjunto impactaba negativamente en su carácter educativo, al no tener en cuenta la afluencia de escolares mendocinos y sanjuaninos que concurrían durante todo el año.

Del mismo modo, entendía que no se le había dado importancia suficiente a la visita de cantidades considerables de personas, cuyo promedio los domingos ascendía a cinco mil.

En virtud de ello, Ramos Correas estudió la posibilidad de realizar una nueva obra, remplazando la ubicación y las características de las instalaciones que hasta entonces exhibían animales en Mendoza, bajo la forma de Parque Zoológico.

Una nueva concepción

Las ventajas de la incorporación de esta tipología radicaban en que, a diferencia del Jardín Zoológico, el Parque Zoológico minimizaba la cantidad de construcciones, sacándole partido al terreno, a sus accidentes y vegetación, acercándose así a la forma natural. Las construcciones de pabellones pasaban a un segundo plano, poniendo atención en las posibilidades que la topografía del terreno daba al proyectista.

Suponía además ventajas económicas al requerir menor mantenimiento. Sumado a esto, por sus características, la propuesta tipológica permitía el desarrollo en etapas. Así se había planificado el Parque Zoológico de Londres, con un plan de realización de 25 años.

Esta tipología, ya utilizada en Chicago, daba a los especímenes la posibilidad de adaptación a nuevos ambientes naturales, aunque fueran distintos a los de su lugar de origen.

Aprovechando las condiciones naturales del cerro, en la propuesta de Ramos Correas para Mendoza se construyeron cuevas y se instalaron jaulas para los animales, puentes rústicos, pircas y acequias de piedra. Para reforzar la principal característica del nuevo zoo, “su naturalidad”, se realizó la siembra de pastos respetando la vegetación encontrada en el lugar.

Para el trazado de caminos se trató de no perjudicar ni sacrificar el arbolado existente. Se mejoró el riego por medio de la construcción de tanques con capacidad de 250.000 litros. Mientras trabajaba en el diseño del nuevo zoo, Ramos Correas hizo algunas consultas sobre la ubicación y la “idea fuerza” de esta intervención.

Uno de los consultores fue Carlos S. Reed, director honorario del Jardín Zoológico Nacional de Chile y organizador del Museo Educacional de la provincia de Mendoza, desde 1914 y hasta 1923.

El otro fue Adolfo D. Holmberg, director del Jardín Zoológico de Buenos Aires entre 1924 y 1944 y sobrino de quien fue el primer director de ese paseo. Ambos apoyaron la iniciativa de Ramos Correas.

El mismo Holmberg había comenzado, en el zoo ubicado en Palermo, un sistema de supresión de jaulas, creando recintos donde los animales se aislaban del público por fosas o zanjas de seguridad, permitiéndoles mayor libertad de movimientos.

Al ser encomendado por la Municipalidad de Buenos Aires en una misión científica por América, Holmberg le ofreció a Ramos Correas cooperación con el proyecto provincial respecto de los beneficios que reportara su periplo. Iniciativa supuso para Holmberg la designación de Huésped de Honor por parte del gobierno mendocino, en abril de 1941.

Dentro del perímetro del nuevo Parque Zoológico quedó incluido un chalet, que supo ser residencia veraniega de gobernadores y que desde 1941, y previa remodelación por parte de la Dirección Provincial de Arquitectura, comenzó a abrirse al público como hostería.

La obra del Parque Zoológico fue preparada con minuciosidad por su impulsor, teniendo en cuenta detalles de todas las secciones correspondientes a cada especie animal, con dibujos, perspectivas y maquetas; todo dentro del plan de conjunto realizado en base a las mismas condiciones naturales del terreno. La ubicación propuesta para el zoológico preveía posibilidades de ampliaciones futuras, casi ilimitadas.

El Teatro Frank Romero Day

El plan de conservación, terminación y mejoramiento del Parque General San Martín se completó con la propuesta de los tres teatros al aire libre que en diversas escalas cubrirían el aspecto cultural del paseo. El primero, con capacidad para mil personas, formaría parte de un parque infantil proyectado en el sitio que hasta ese momento ocupaba el zoológico.

Desmontadas las instalaciones de este, se proyectaba allí el sector de paseo infantil que conservaría gran parte de los lagos con sus aves, respetando el arbolado y que contaría con una confitería, fruto de la reutilización del pabellón “egipcio” (antigua jaula de los leones), y con una piscina para los más pequeños en el lugar ocupado por el palomar.

El pequeño teatro- auditorio, luego llamado Pulgarcito, sería de estilo adecuado al ambiente y con todas las instalaciones propias de ese tipo de teatro.

Para ello, Ramos Correas previó la utilización, al igual que en el zoo, de materiales nobles que necesitaran escaso o nulo mantenimiento, como la piedra local, para formar las graderías, el escenario y los volúmenes de servicio (baños y depósitos).

El segundo de los auditorios fue pensado por Ramos aprovechando la ubicación y los desniveles de lo que había sido la antigua rotonda. Sitio de corsos de flores y retretas, era ya un lugar abandonado debido a la preferencia de la gente por el automóvil, el cinematógrafo y otras muchas atracciones.

La convergencia de calles y las soberbias perspectivas hacían del lugar el punto perfecto para un gran teatro-auditórium con capacidad para diez mil personas. Su construcción se realizaría siguiendo la técnica moderna de manera que pudiera ser utilizado para representaciones líricas, orquestales, coreográficas y posibilitando además la instalación en él de escuelas de canto y bailes clásicos.

Por último, el Gran Anfiteatro se emplazaría en las proximidades al Cerro de la Gloria. Este y sus cerros vecinos trazaban una gran hondonada fácilmente aprovechable para su construcción, lo que facilitaba las tareas a realizar.

El anfiteatro, a juicio de Ramos, debía construirse, puesto que nada igualaría como espectáculo al que ofrecería “esa obra en pleno funcionamiento, con dominio inmenso del panorama de los cerros precordilleranos, del horizonte sin limitaciones y de la perspectiva alta y baja del lugar, según fuere la ubicación del espectador (…) no hay otro sitio que (…) presente mejor y mayor eficacia a las concentraciones de grandes masas populares, ya durante las fiestas de las vendimia, (…), o bien para los certámenes internacionales de acentuada categoría deportiva, o para las reuniones patrióticas de gran aliento en que el ejército, el pueblo y las autoridades se confunden en una sola emoción argentina”. También en este caso, los materiales propuestos fueron el hormigón y la piedra local.

El Ejecutivo avaló la propuesta de 22 puntos de Daniel Ramos Correas. Fue dado a conocer a través de su publicación en “entregas” en la prensa local a partir de febrero de 1940 y está contenido a grandes rasgos en la Labor de Gobierno del período 1938-1941 del entonces gobernador y promotor del plan de mejoras, Rodolfo Corominas Segura.

A pesar de ello, y del estudio minucioso y la calidad de la propuesta integral de Ramos Correas, fueron solo algunas las concreciones.

Probablemente primaron por sobre la concepción ambiental razones de orden económico-práctico -por ejemplo, se mantuvieron sin alterarse las concesiones y el estado de los clubes dentro del Parque-, y político, dada la interrupción de la gestión conservadora por la revolución militar del 43.

En efecto, se construyó el Teatro Pulgarcito (1940) en el predio que ocupaba el antiguo zoológico; se levantaron las instalaciones del Parque Zoológico sobre la ladera Este del Cerro de la Gloria (1939-1941); se efectuaron las reformas al pie del monumento del cerro y la construcción del ofrendatorio (1940); se retiraron en el acceso al Parque las balaustradas de cierre sobre la avenida Boulogne Sur Mer (1939- 1940), pero no el portón principal; se realizaron un sinnúmero de obras menores (puentes, acequias, caminos) y se parquizó la zona comprendida entre Avenida del Libertador y Carlos W. Lencinas.

Finalmente, fuera del período conservador, en 1950 se inauguró el Teatro Griego -hoy Frank Romero Day- con capacidad para 25.000 personas.

Fuente: Cecilia Raffa. Construir Mendoza: obras y políticas públicas en el territorio. Descargable aquí.