22 de octubre, 21 horas. Coronavirus: Comunicado del Ministerio de Salud, Desarrollo Social y Deportes

La historia de la infraestructura hídrica y del desarrollo de los oasis productivos en Mendoza


El aprovechamiento del agua es clave para el desarrollo económico y productivo. A lo largo de los siglos se fueron perfeccionando las infraestructuras hídricas para incrementar la cantidad de hectáreas irrigadas en la provincia.

El siglo XX constituyó uno de los períodos más fructíferos en materia de construcciones hídricas e hidroeléctricas tanto en el país como en la provincia.

La doctora Laura Ortega, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Cuyo, nos cuenta sobre la historia de las principales obras hídricas y su importancia para el desarrollo de la actividad económica en Mendoza.

El aprovechamiento del agua en el territorio de la provincia de Mendoza data del período prehispánico. Pero un hito trascendental en este sentido lo constituyó la sanción, a fines del siglo XIX, de la primera Ley de Aguas de Mendoza.

En este escenario, el rol que desempeñaba el agua para riego era fundamental, pues de su correcta distribución dependía el desarrollo de la actividad en la provincia.

Por todo esto, en 1884 se sancionó la Ley de Aguas y se creó el Departamento General de Irrigación, un organismo público autónomo que en adelante sería el encargado del gobierno del agua.

De los ríos más importantes con que cuenta la provincia, cinco fueron objeto de intervención: Mendoza, Tunuyán, Diamante, Atuel y Malargüe.

Al río Mendoza se destinaron fondos para la construcción de obras ya a fines del siglo XIX. A partir de esa inversión se concretó el dique Luján, durante la gobernación de Tiburcio Benegas (1889). En el curso de este río se concentraron los emprendimientos vitivinícolas más destacados de Mendoza, por lo que su concreción revistió vital importancia.

Paralelo a los avances sobre el río Mendoza, los colonos del Sur mendocino, en San Rafael y en Colonia de Alvear, tuvieron una gran participación en la apertura de canales e hijuelas. Algo similar sucedía en el curso del río Tunuyán, en su tramo alto, en el Valle de Uco, y en su tramo bajo, que riega la zona Este de Mendoza. De esta forma, se sustentaba la expansión de la agroindustria en la provincia.

Una etapa compleja tras la crisis mundial de los años 30

La crisis económica internacional de 1929/30 repercutió de forma negativa en el país y Mendoza, tanto en términos económicos como políticos y sociales. Con la finalidad de enfrentar tales males, las autoridades nacionales y provinciales, alineadas en un mismo esquema doctrinal neoconservador, implementaron cambios en la actuación del Estado.

Esta dirigencia entendió que el rol del Estado ante los problemas económicos y sociales debía ser más activo. Los gobiernos neoconservadores de Mendoza (1932-1943) llevaron adelante un plan de fomento de actividades alternativas a la vitivinicultura -entre ellas la fruticultura- en áreas aún poco desarrolladas, específicamente en las zonas Centro, Sur y Este de la provincia.

Esta política tenía la finalidad de diversificar la matriz productiva local ante los inconvenientes de superproducción que atravesaba la actividad vitivinícola. Pero para lograr sus objetivos era necesario emprender obras hidráulicas. Eso dio lugar a la construcción de obras de captación y canalización en el tramo superior del río Tunuyán, por ejemplo, el dique Valle de Uco (1939), y lograr de esta forma aprovechar las tierras fértiles.

Posteriormente, con la finalidad de mejorar el riego en todo el sistema del río Tunuyán, se modernizaron los diques Medrano y Phillips, ya existentes y situados en los tramos medios y bajo del río.

El ambicioso plan de obras de 1940

Puede pensarse que el emprendimiento estaba influenciado por la experiencia de obras similares realizadas en Estados Unidos durante el gobierno del presidente Franklin D. Roosevelt, cuya envergadura deslumbraba a ingenieros, políticos y militares. Fruto de ese plan concertado entre Nación y Provincia fue la construcción del dique El Nihuil, que comenzó en 1941.

Además de las diversas obras, lo que resultó distintivo fue que se propusieron realizar estudios para avanzar sobre el Sur mendocino, con intervenciones sobre los ríos Atuel, Diamante, Malargüe, Barrancas y Grande.

Las obras en el Sur mendocino

Como en el Sur la infraestructura hídrica era insuficiente para aprovechar las posibilidades que ofrecía la región, este territorio fue uno de los más favorecidos con obras importantes como diques, impermeabilización de canales, entre otras.

Hasta ese momento Mendoza había tenido un protagonismo destacado en cuanto a la planificación y concreción de sus obras, pero a partir de 1949 tal protagonismo comenzó a resquebrajarse.

Entre 1952 y 1955 se hicieron estudios y expediciones para obtener información y planificar grandes obras con miras a profundizar la producción de energía hidroeléctrica en el territorio e incrementar hectáreas irrigadas.

Se logró concretar obras como las centrales hidroeléctricas Los Nihuiles y Agua del Toro. Asimismo, sobre el río Tunuyán se concretó el embalse El Carrizal.

La importancia del agua para la provincia hizo que, pese a algunos conflictos, se superaran diferencias entre las distintas partes e imperara el entendimiento por sobre la confrontación como camino para la obtención del interés general. 

Fuente: Laura L. Ortega / Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNCuyo.